En medio de la escalada del conflicto bélico iniciado el 28 de febrero de 2026 por Estados Unidos e Israel contra Irán, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, lanzó una dura advertencia este jueves 12 de marzo: si fuerzas extranjeras invaden o agreden las islas iraníes en el Golfo Pérsico, “abandonaremos toda moderación y haremos que el Golfo Pérsico se tiña con la sangre de los invasores”.
La declaración, difundida en su cuenta de X (antes Twitter), responde directamente a especulaciones en medios estadounidenses sobre posibles operaciones contra la estratégica isla de Kharg (o Jarg), principal terminal de exportación de petróleo iraní, por donde transita entre el 90% y 95% del crudo que Irán vende al exterior. Controlar o destruir esta isla sería un golpe devastador a la economía del régimen, pero también desencadenaría una respuesta masiva en la zona marítima más crítica para el comercio global de energía.

Qalibaf enfatizó que cualquier agresión contra “el suelo de las islas iraníes rompería todas las restricciones” y responsabilizó personalmente al presidente Donald Trump por la “sangre de los soldados estadounidenses” que pudiera derramarse en caso de invasión. La frase “el Golfo Pérsico se teñirá con la sangre de los invasores” se ha viralizado rápidamente en redes y medios internacionales, convirtiéndose en el nuevo lema de amenaza del régimen iraní.
Este aviso llega en un contexto de intensos combates navales y aéreos en la región: la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) ha reivindicado ataques contra buques estadounidenses y de banderas aliadas en el norte del Golfo Pérsico, incluyendo uno contra el petrolero Safesia (propiedad estadounidense, bandera de Islas Marshall), que habría quedado en llamas. Irán también ha intensificado acciones contra instalaciones petroleras y buques en el Golfo, minado áreas del estrecho de Ormuz y prometido bloquear exportaciones de petróleo hacia “el bando hostil”.

El nuevo líder supremo interino, Mojtaba Jamenei, ha reiterado en su primer mensaje oficial que el estrecho de Ormuz “debe permanecer cerrado” como herramienta de presión y ha amenazado con atacar bases estadounidenses si no se retiran.
Analistas coinciden en que estas amenazas buscan disuadir una posible ampliación de la Operación Epic Fury hacia objetivos insulares clave, pero también reflejan la estrategia iraní de elevar costos y generar caos energético global para forzar una negociación o presión internacional contra Washington y Tel Aviv. Sin embargo, expertos como Hasan Alhasan del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos señalan que esta táctica podría volverse en contra de Irán, al empujar a los estados del Golfo (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, entre otros) a alinearse más firmemente con Estados Unidos tras sufrir ataques directos en su territorio.

El conflicto, que ya suma más de 1.000 muertos en Irán y decenas en países del Golfo, mantiene en vilo los mercados: el petróleo supera los 100 dólares por barril de forma sostenida, con evacuaciones masivas de extranjeros y revisiones de contratos energéticos en la región. La ONU y varios países han condenado las acciones iraníes en el Golfo, mientras el Consejo de Seguridad exige el cese inmediato de ataques contra estados vecinos.
Hasta el momento, no hay indicios confirmados de una invasión inminente a islas iraníes, pero la retórica beligerante eleva el riesgo de una expansión naval que podría convertir el Golfo Pérsico en un escenario de confrontación total.




















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