El expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández (2014-2022) regresó este domingo 26 de julio a su país a bordo de un vuelo privado procedente de Miami, casi ocho meses después de recibir un indulto total del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que extinguió la condena de 45 años de prisión que le había impuesto un tribunal federal por delitos de narcotráfico y tráfico de armas.
La aeronave aterrizó alrededor de las 8:30 de la mañana en el Aeropuerto Internacional de Palmerola, ubicado en Comayagua, a unos 60-75 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa. Hernández, de 57 años, fue recibido en la pista por su esposa, Ana García; su madre, Elvira Alvarado; tres de sus cuatro hijos y otros familiares, con quienes protagonizó un reencuentro emotivo tras más de cuatro años de separación desde su extradición en abril de 2022.
Tras descender, el grupo se arrodilló para realizar una oración. Lo acompañaban su abogado estadounidense Renato Stabile y tres generales hondureños que testificaron a su favor durante el juicio en Nueva York. Cientos de simpatizantes, en su mayoría del Partido Nacional, lo esperaban en las afueras de la terminal y posteriormente en una finca cercana, donde el expresidente ofreció declaraciones públicas.

Hernández había sido extraditado a Estados Unidos poco después de dejar el poder. En 2024, un juez federal de Nueva York lo condenó a 45 años de cárcel y a una multa de ocho millones de dólares tras hallarlo culpable de conspirar para importar cientos de toneladas de cocaína a territorio estadounidense, en alianza con organizaciones criminales, y de delitos relacionados con el tráfico de armas.
El expresidente siempre ha negado las acusaciones y las ha calificado de persecución política o venganza. El indulto fue anunciado por Trump a finales de noviembre de 2025, en vísperas de las elecciones presidenciales hondureñas, y se hizo efectivo el 1 de diciembre de ese año, cuando Hernández salió de la Penitenciaría Federal de Hazelton, en Virginia Occidental. Trump argumentó que el proceso había sido injusto y un “montaje” del gobierno anterior. El indulto extingue la pena, pero no revierte el veredicto de culpabilidad ni lo declara inocente.

En Honduras, Hernández enfrenta un proceso judicial por presunto fraude y lavado de activos, relacionado con el caso conocido como Pandora II. Se le acusa de haber participado en el desvío de alrededor de dos millones de dólares de fondos públicos para financiar su campaña presidencial de 2013.
Una orden de captura internacional y la alerta roja de Interpol que pesaban en su contra fueron suspendidas provisionalmente en junio de 2026, después de que su defensa solicitara la presentación voluntaria. Por esa razón no fue detenido a su llegada. Debe comparecer el próximo 3 de agosto ante un tribunal para la audiencia inicial de declaración de imputado. El expresidente ha anunciado que solicitará el archivo de las acusaciones, se declara inocente y ha pedido que el proceso no se politice.

Tras su arribo, Hernández agradeció públicamente a Trump por el indulto, expresó su alegría por regresar a su tierra y reiteró su disposición a enfrentar la justicia local. Señaló que su prioridad inmediata es reunirse con su familia y dijo que no “agachará la cabeza”. También dejó abierta la posibilidad de retomar la actividad política si considera que el país enfrenta un regreso de lo que denominó “radicalismo”, aunque afirmó que no llega con ambiciones electorales inmediatas. El actual presidente de Honduras, Nasry Asfura, pertenece al mismo partido político que Hernández.
El regreso del expresidente se produce en un contexto de polarización política y genera distintas reacciones en el país. Mientras simpatizantes lo recibieron con muestras de apoyo, sectores críticos cuestionan las implicaciones del indulto y el momento en que se concedió. Hernández goza de protección oficial como exmandatario y ha manifestado su intención de recuperar bienes que le fueron confiscados tras la extradición.


















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