En un contexto de transición política tras la reciente derrota electoral del Partido Libertad y Refundación (Libre), líderes locales de Choluteca como Aleyda Huete, conocida como una figura clave en los barrios populares de la ciudad, han alzado la voz para denunciar lo que perciben como una incipiente persecución política por parte de opositores.
Dahüete, quien ha sido una pieza fundamental en la organización Bastión del Sur, asegura que las amenazas y burlas ya son una realidad cotidiana, interpretando esto como el resurgimiento de viejos adversarios que se sentían «escondidos» durante el gobierno de Libre.
La activista, en declaraciones a Bastión del Sur, enfatizó su resiliencia personal ante estas presiones. «Estoy firme, estoy esperando que si me van a botar del trabajo, pues que me boten, nunca he necesitado de un trabajo, pero que nos van a poner de rodilla jamás», afirmó Huete, quien se describe como alguien que solo se arrodilla «ante Dios».
Esta postura refleja no solo una defensa individual, sino un llamado colectivo a la resistencia dentro de Libre, especialmente en un departamento como Choluteca, donde aseguran que el partido ha logrado conquistas sociales a través de organizaciones de base.
Sin embargo, la denuncia va más allá de las acusaciones externas y apunta a una autocrítica interna. Huete interpreta la derrota de Libre como una «factura» por la blandura de su administración, que no actuó con firmeza contra opositores internos y externos. Según ella, el gobierno de Libre priorizó la empatía manifestando que «el dolor de uno es el dolor del otro», evitando despidos o represalias, lo que permitió que jefes de otros partidos permanecieran en puestos clave.

Esta benevolencia, argumenta, ahora se vuelve en contra de los militantes de base, mientras la cúpula partidaria parece indemne. «Nos pasa a los de abajo, a los pies descalzos, pero a la cúpula no le pasa factura», lamentó, aludiendo también a traiciones internas, como votos a favor de nacionalistas.
En un análisis más profundo, estas declaraciones revelan las tensiones postelectorales en Honduras, donde el Partido Nacionalista parece fortalecido tras años en la oposición. Dahüete critica que Libre «estaba preparado para ganar, pero no para gobernar», lo que llevó a omisiones como no supervisar estrictamente el cumplimiento laboral en instituciones públicas, como hospitales, donde algunos empleados solo «venían a marcar» sin repercusiones.
Además, menciona la apatía electoral de beneficiarios de programas sociales, como el bono de luz eléctrica que ayudó a más de 900,000 personas, pero que no se tradujo en apoyo en las urnas.
Pese a las adversidades, asegura que organizaciones como «Bastión del Sur» permanecen activas y que Libre «no está muerto». Interpreta la derrota como una oportunidad para «hacer las cosas mejores» y comprometerse más con la población, condenando a los «traidores» y expresando preocupación por figuras como Manuel Zelaya Rosales, quien también enfrenta amenazas.
Esta narrativa no solo informa sobre un posible clima de revanchismo político, sino que interpreta la transición como un momento crítico para que Libre se endurezca y reorganice, evitando repetir errores de tolerancia excesiva que, según Huete, han costado caro a sus bases.



















Deja una respuesta