El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha revivido el debate sobre el futuro del orden internacional al sugerir que su recién creada «Board of Peace» (Junta de la Paz) «podría» eventualmente reemplazar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la que criticó por su ineficacia durante su mandato.
Trump hizo estas declaraciones el 20 de enero de 2026, afirmando que la ONU «nunca le ayudó» en la resolución de conflictos y que, aunque reconoce su «potencial enorme», no ha cumplido con sus expectativas. «La ONU simplemente no ha sido muy útil. Soy un gran fan del potencial de la ONU, pero nunca ha alcanzado su potencial», expresó, agregando que su Junta de la Paz «podría» asumir un rol mayor en la promoción de la paz global.
La Junta de la Paz fue anunciada formalmente por Trump el 15 de enero de 2026 y se presentó inicialmente como un mecanismo para supervisar la reconstrucción de Gaza tras el alto el fuego mediado por su administración en el conflicto entre Israel y Hamás (fase dos del plan de paz de 20 puntos, que incluye desmilitarización, gobernanza tecnocrática y recuperación económica). El organismo cuenta con el respaldo de la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU (aprobada en noviembre de 2025 con abstención de Rusia y China), que autorizó su creación para apoyar la estabilización en Gaza.
Sin embargo, el borrador de la carta constitutiva revela un alcance mucho más amplio: promover estabilidad, restaurar gobernanza «confiable y legal» y asegurar «paz duradera» en cualquier área afectada o amenazada por conflictos, sin limitarse a Gaza. Trump presidiría la junta de forma vitalicia, con poder de veto absoluto y autoridad exclusiva para aprobar membresías y resoluciones, sin necesidad de consulta al pleno.
Para unirse, los países deben recibir invitación personal de Trump (alrededor de 60 naciones han sido contactadas, incluyendo aliados como Argentina —que aceptó bajo Javier Milei—, Israel —con Netanyahu incorporándose—, y otros como Hungría, Bielorrusia y posiblemente Pakistán). Los asientos permanentes requerirían contribuciones millonarias (hasta 1.000 millones de dólares por país en algunos casos), fondos que Trump controlaría directamente. Expertos han calificado esto como un intento de crear un «Consejo de Seguridad alternativo» bajo dominio estadounidense, con Trump como único veto permanente.
La iniciativa ha generado rechazo y cautela internacional:
- Países europeos como Noruega, Francia, Suecia e Irlanda han rechazado o expresado reservas, advirtiendo que socava la centralidad de la ONU.
- China, tras confirmar la recepción de la invitación, defendió firmemente el sistema multilateral centrado en la ONU. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Guo Jiakun, declaró el 21 de enero: «China siempre ha practicado el verdadero multilateralismo. Independientemente de cómo cambie la situación internacional, defenderemos firmemente el sistema internacional con la ONU en su núcleo, el orden basado en el derecho internacional y los principios de la Carta de la ONU».
- Rusia y otros han mostrado interés cauteloso, mientras que analistas advierten de un posible «cambio radical» en el orden global pos-Segunda Guerra Mundial.
La firma formal de la Carta de la Junta de la Paz está prevista para el 22 de enero de 2026 en los márgenes del Foro Económico Mundial de Davos, donde Trump asistirá. Aunque Trump ha dicho que «hay que dejar que la ONU continúe», sus palabras y la estructura de la junta alimentan temores de que busque un modelo alternativo dominado por Estados Unidos, en un contexto de tensiones geopolíticas y críticas a la ineficacia multilateral.
Este desarrollo marca un paso audaz —y polarizante— en la política exterior de Trump, que prioriza acuerdos bilaterales y liderazgo estadounidense directo sobre instituciones multilaterales tradicionales.



















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