La Unión Europea (UE) se prepara para suspender o bloquear indefinidamente la ratificación del acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos en julio de 2025, en respuesta directa a las amenazas de aranceles del presidente Donald Trump ligadas a su exigencia de adquirir Groenlandia. Líderes y grupos parlamentarios europeos han calificado las presiones como “chantaje” e “intimidación”, y han advertido que socavan las relaciones transatlánticas en un momento crítico.
El pacto transatlántico, firmado por Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, preveía reducir a cero los aranceles sobre productos industriales estadounidenses en el mercado europeo, a cambio de ciertas concesiones. Sin embargo, el acuerdo aún requiere la aprobación del Parlamento Europeo, donde la mayoría de grupos políticos —incluido el Partido Popular Europeo (PPE), el más numeroso— han anunciado que su ratificación “no es posible en este momento”.
Manfred Weber, presidente del PPE, declaró en redes sociales: “El PPE apoya el acuerdo comercial UE-EE.UU., pero dadas las amenazas de Donald Trump respecto a Groenlandia, su aprobación no es posible en esta fase. Los aranceles del 0% sobre productos estadounidenses deben suspenderse”. Iratxe García, líder del grupo de Socialistas y Demócratas, fue más allá y pidió “suspender inmediatamente las negociaciones” y activar el Instrumento Anticoerción (ACI), el mecanismo diseñado para responder a presiones económicas externas.

El detonante fue el anuncio de Trump el 17 de enero: impondrá un arancel del 10% a partir del 1 de febrero sobre bienes de ocho países (Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia) que enviaron tropas a Groenlandia en ejercicios de solidaridad con Dinamarca. La tarifa escalaría al 25% el 1 de junio y se mantendría hasta lograr un “acuerdo para la compra completa y total de Groenlandia”.
La respuesta europea ha sido unánime y contundente. En una declaración conjunta, los ocho países afectados afirmaron que las amenazas “socavan las relaciones transatlánticas y arriesgan una peligrosa espiral descendente”. Ursula von der Leyen calificó los aranceles como “un error grave” entre aliados y prometió una respuesta “unida, incólume y proporcional”. Emmanuel Macron rechazó reunirse con Trump en Davos y filtró críticas privadas; Keir Starmer (Reino Unido) y Mette Frederiksen (Dinamarca) reiteraron que Groenlandia “no está en venta”.

La UE ha convocado reuniones de emergencia de embajadores y prepara represalias. Se discute reactivar un paquete de aranceles por 93.000 millones de euros (preparado en 2025 y suspendido tras el pacto) contra productos estadounidenses. Francia impulsa activar el ACI —apodado “bazooka comercial”— que permitiría restringir acceso de empresas estadounidenses al mercado único, limitar inversiones, servicios digitales o propiedad intelectual. Aunque nunca se ha usado, diplomáticos indican que podría invocarse si las tarifas se materializan.
El impacto económico ya se siente: volatilidad en bolsas europeas, caídas en sectores expuestos (farmacéuticas, energéticas, lujo) y alerta en mercados globales. Analistas advierten que una escalada geoeconómica podría dañar el crecimiento frágil y fracturar aún más la OTAN, en medio de conflictos como Ucrania.
La crisis refuerza la reconfiguración trumpiana: usar aranceles como arma de coerción geopolítica, priorizando control estratégico (Ártico, minerales críticos) sobre alianzas tradicionales. Europa resiste con unidad, pero el riesgo de guerra comercial total crece. Von der Leyen y Antonio Costa (presidente del Consejo Europeo) insisten en que “la UE no cederá ante la intimidación” y priorizará diplomacia, aunque con herramientas listas para contraatacar. La próxima semana, en Davos, se espera un choque directo entre Trump y líderes europeos. El margen para evitar una ruptura sistémica se estrecha.





















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